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POR: SUSANA DIRCIO GILES
En este receso escolar de primavera-verano los pequeños están disfrutando de sus vacaciones, lo toman como un descanso de clases, de sus maestros, de los regaños y de esos libros llenos de letras que por semanas enteras estresan sus cuerpos, las tereas quedan olvidadas por algún tiempo y entonces llegó el momento de jugar y de pasarla bien con los amigos o visitar a los primos que están lejos, sin embargo, en esta temporada también es tiempo de la siembra de maíz o de frijol y entonces algunos chiquillos tienen que ir con sus padres al campo a pasar horas enteras bajo el rayo del sol, es en aquel momento cuando anhelan estar mejor en la escuela, sentados en la sombra y escuchan a un maestro que los regaña pero en la comodidad de sus asientos. En ambos casos se ve reflejada la inocencia de los niños, en el primer caso su inocencia les permite olvidarse de sus problemas que por mínimos que sean los mantiene a la expectativa, pero en vacaciones eso pasa a tercer plano; en el segundo caso su inocencia hace que piensen que tienen que trabajar para poder sobrevivir, además que la inocencia de ir jugando por el campo hace de su mundo un espacio mágico. Aunque parezca un contraste tremendo, las vacaciones es para un niño el tiempo de guardar libros y aunque algunos acuden a regularizar materias saben que no es la misma exigencia que en la escuela.
Los adultos olvidamos nuestra inocencia, en el receso escolar viajamos preocupados por el dinero o por problemas en casa o en el trabajo y si trabajamos nos estresamos al hacer cuentas del salario. Los niños en algunos años ya serán adultos hechos y derechos y como nosotros también dejaran de ser inocentes y comenzaran con las preocupaciones, pero mientras dejemos que vivan su niñez llena de inocencia, respetemos su pensamientos y si en este verano están en la playa, en la provincia o en la ciudad descansando dejemos que se diviertan y si por el contrario tienen que acompañarnos al trabajo dejemos que tengan momentos de juego y de imaginar un futuro rosa, no tenemos porque empañar su vida de preocupaciones. Seamos respetuosos de su inocencia que significa un don de niños y niñas entregadas a un mundo de respeto y de responsabilidad, ya llegará la hora de preocuparse, pero donde quiera que este un niño dejemos que disfrute de la etapa más hermosa de nuestro ciclo de vida.

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